Etapas del Proceso de Revitalización
1. Fascinar
2. Escuchar
3. Discernir
4. Convertir
5. Sistematizar
“Llamó a los que Él quiso y ellos se acercaron a Él” (Mc. 3,13-19)
Es la Etapa del ENCANTAMIENTO producido por el llamado de Dios, que invitó a quien Él quiso y los llamó por su nombre, esto significa reconocer el llamado de Dios para el servicio de la juventud y dejarse encantar por Él y por la juventud. A la manera de Jesús maestro de discípulos, llamar a los agentes de pastoral para que reconozcan el Proyecto y se apropien de él. Es comprender el camino desde dentro, lo cual significa hacerlo un sendero para cada uno de los servicios que realizamos en la evangelización de la juventud. Es reconocer que nosotros, como Iglesia, comunidad de los discípulos misioneros – adultos y jóvenes – obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, asesores, coordinadores y participantes de grupos, tenemos que encantarnos y dejarnos enamorar de esta realidad en nuestras vidas y prácticas pastorales.
II Etapa: Fascinar y ESCUCHAR
Salir en Misión en el mundo juvenil
“Mientras hablaban y hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc. 24,15)
Es la Etapa de la ESCUCHA, dejando hablar y provocando a los jóvenes a HABLAR a su manera. Oír, ver, estar con ellos. A la manera de Jesús en el camino de Emaús, acercarse, reconocer, escuchar y asumir la vida de los y las jóvenes en sus lugares vitales.
Escuchar es más que oír. Se escucha con todo el cuerpo, no sólo con el oído. Escuchar implica afinar mis sentidos para ver más allá de lo que quiero oír. Se trata de emplear todo lo que esté a nuestro alcance para movernos hacia el otro/a y responder a sus llamados.
Llegar junto al joven para comprender sus situaciones, no para condenarles, ni llegar para confirmar en sus actitudes prejuicios personales que etiquetan a la juventud. Llegar, como lo hizo Jesús, es llegar para escucharles y sentir “pasión con”, es comprender desde el mundo del/a joven su situación para vendar sus heridas, para encontrarnos y acompañarles en el camino.
III Etapa: Fascinar, Escuchar y DISCERNIR
Discernir el camino como discípulos de Jesucristo
“Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los Profetas, les explicó lo que decían de Él las Escrituras” (Lc. 24,27)
Es la Etapa de confrontar las realidades vividas de los jóvenes y sus contextos, con la propuesta de Jesús y de la Iglesia en el Continente. Se quiere suscitar un movimiento interior que proponga acciones que generen Vida en Abundancia.
Después de habernos encantado con el mundo de los jóvenes, con su diversidad y complexidad; después de habernos acercado a la realidad juvenil y sus espacios vitales, para escuchar sus voces, sus gritos, sus inquietudes y sus búsquedas, llegó el momento de proseguir en este encanto y dejarnos interpelar por esta realidad de los jóvenes a la luz del Evangelio.
Es la etapa del desentrañar y discernir. Desentrañar invita a sacar desde dentro; discernir invita a separar, evaluar e interpretar los llamados de los jóvenes desde sus realidades. Desentrañar y discernir han de llevarnos a movernos, o más bien, arrancarnos de nuestras seguridades y posturas para ver, con una nueva mirada, la mirada de Jesús, que invita a la búsqueda de nuevas acciones, que invita a movernos con el otro, con el/la joven.
IV Etapa: Fascinar, Escuchar, Discernir y CONVERTIR
“En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás” (Lc 24, 33 )
En esta etapa a partir del Encuentro con Jesús y con la vida de los y las jóvenes, queremos volver por otro camino, a la manera de los discípulos del Resucitado, para salir a anunciar a los jóvenes la Buena Nueva del encuentro que ha transformado nuestra vida.
CONVERTIR, CONVERTIDO Y MOVER-SE HACIA EL CORAZÓN DE LA JUVENTUD
Somos personas en construcción. Ninguno de nosotros es una persona acabada, hecha, completa. Quien piense lo contrario, sin duda, no ha entendido lo que significa conversión. La conversión es una tarea inacabada, permanente, necesaria. Conversión es cambiar de rumbo, de dirección. La conversión es abrirse a la acción del Dios de la Vida, Aquél que hace nuevas todas las cosas (Ap. 21,5) y, por tanto, puede transformar toda nuestra vida, nuestra historia.


